Peña Herradura o las huellas del caballo del Cid

Un día del pasado mes de agosto, con ocasión de haber presentado mi buen amigo y paisano Roberto Monseco su documental Historia de la Hoya del Infantado en Salmerón, otros dos amigos, Ángel y Julián, me preguntaron si yo no había visto u oído hablar de las supuestas huellas del caballo del Cid, grabadas en una piedra de un paraje del término de Salmerón. Realmente esta era una noticia nueva para mí y mi interés aún se acrecentó más cuando otra amiga, Toñi, me aseguró que el paraje era bien conocido desde siempre con el nombre de “Peña Herraura”, la forma local de decir Peña Herradura.

En cuanto nos fue posible, organizamos una excursión, dirigida por Mari Paz y Ángel y a la que nos acompañaron Jesús, Nicolás, Angelita y algunos más y llegamos, dejando a nuestra derecha lugares como El Cerrillo o Carravilla, a unas piedras naturales, al parecer de naturaleza caliza, que, a modo de pavimento, se elevan más allá de unos rastrojos. Pude observar con sorpresa cómo sobre las piedras están grabadas, de forma asimétrica y con dimensiones muy distintas, más de una decena de “aparentes huellas” de herraduras, en algunas de las cuales el detalle desciende hasta hacer notar la forma de los clavos laterales.

Entre las herraduras se pueden observar también grabadas al menos un par de cruces, una de ellas perfectamente conservada.

Sin que de momento nadie me haya contado la leyenda que sustenta la presencia de estas marcas, es fácil deducir una supuesta ayuda del Cid con ayuda milagrosa para vencer a los musulmanes (tal vez de ahí la presencia de las cruces, como signo del triunfo cristiano). En cualquier caso, parece que esta curiosidad se enmarca dentro del legendario mundo del Cid y de su pariente Alvar Fáñez (nuestro cerro del Alvaráñez, donde el caudillo habría tenido su estado mayor para la Reconquista de la zona, está muy cerca de las huellas que aquí tratamos), que tan frecuente es en nuestros pueblos de Guadalajara y Cuenca.

1. El pesebre del caballo del Cid.

En concreto, supuestas reliquias de Rodrígo Díaz y de su lugarteniente Alvar Fáñez encontramos también en los pueblos que pretenden tener un supuesto “pesebre” del caballo de alguno de estos héroes. Así sucede en Romanones, zona conquistada por el propio Cid, según nos cuenta en el siglo XVI el texto de la Relación Topográfica de Tendilla, y donde hay un cerro a media legua del pueblo, cerca ya de Romanones, llamado “Barafáñez…en el cual se han hallado muchos rastros y materiales, monedas antiguas y otras cosas de armas, y municiones, y edificios antiguos”, y, según la leyenda transmitida durante generaciones, en su cumbre había una gran  peña que había servido de pesebre al caballo del primo del Cid.
La misma leyenda, con ligeras variantes, se conservaba en Jadraque, a decir de José Mª Escudero de la Peña, quien nos cuenta cómo en el siglos XVII aún enseñaban en el castillo el pesebre en el que había comido Babieca, fortificación que fue conocida durante siglos como “Castillo del Cid”.

Finalmente en la localidad conquense de Barajas de Melo se conserva en el denominado “Cerro de la  Talaya” (atalaya) “un edificio de piedra y yeso a manera de pesebre que fue el que dicen hizo el Cid estando allí a celada de los moros….
En otras zonas fuera de Guadalajara, dentro de la llamada Ruta del Cid, se conserva la misma tradición, como en un lugar entre Huesa del Común y Montalbán (Teruel), donde está la llamada “Peña del Cid”, y en la que aún creen reconocer los lugareños en una roca el pesebre en que comía y donde era atado el célebre Babieca. Según estudiosos del tema como Ballesteros San José –quien lo aplica para el caso del cerro cercano a Romanones, pero cuyas conclusiones pueden extrapolarse al resto de casos paralelos- la leyenda tradicional tendría una inspiración “culta” en unos versos del propio Cantar de Mío Cid (427-428), que dicen “en medio de una montaña maravillosa e grande/fizo mío Cid posar y cevada dar.”

2. Las huellas de las herraduras del caballo del Cid.

La otra supuesta reliquia del caballo de héroe, que es la que aquí nos ocupa, son las supuestas huellas de sus herraduras, dispersas a lo largo de un ámbito geográfico que viene a coincidir con el del destierro del de Vivar y que va desde el propio atrio de Santa Gadea de Burgos hasta algunos pueblos del Maestrazgo, en evocación de los avatares de la vida de Rodrigo Díaz de Vivar con ocasión de su expulsión de Castilla por Alfonso VI, según nos lo cuenta el primer texto literario castellano, el mencionado Cantar de Mío Cid. En el rápido rastreo que hemos hecho, hemos localizado estas huellas del famoso équido desde la propia ciudad de Burgos, siguiendo por algunos pueblos de la provincia de Teruel, en Aragón, pasando, por una parte, a Guadalajara por el Señorío de Molina donde se documentan estas huellas en la población de Hinojosa, de allí descenderían a Salmerón, y, por otra, al Maestrazgo. Veamos algunos de ellos: Burgos y Provincia El lugar primer lugar en que se documentan estas huellas atribuidas al caballo del Cid, está en el atrio de la iglesia de Santa Gadea, en la ciudad de Burgos, templo donde, según la tradición, don Rodrigo tomó juramento al rey sobre no haber participado en la muerte de su hermano. Dentro de la propia provincia de Burgos, en la localidad de Ahedo de las Pueblas, se conserva la misma leyenda, y una huella de Babieca se habría quedado impresa en un paraje llamado La Coteruela y otra en uno llamado La Maza, en un salto gigantesco del equino del héroe, en este caso, camino de Santander. Provincia de Teruel y comarca de El Maestrazgo En esta zona la leyenda de las huellas impresas del famoso caballo parece ser especialmente recurrente aunque presente ligeras variantes: así sería en Calanda (Teruel) donde en el lugar llamado “Pata de Caballo”, junto al “Arco del Cid”, se observan las huellas de las herraduras del animal que, al saltar un río demasiado crecido, habría dejado impresas en la piedra; también en Fortenete (Teruel, en El Maestrazgo) donde nuestro caballo habría saltado desde “El salto del moro” hasta “la Eslizada” donde habrían quedados las huellas; al igual que en Iglesuela del Cid (Teruel, muy cerca de Castellón), en la misma zona del Maestrazgo, donde se habría aparecido Santiago al héroe burgalés cuando iba a ser derrotado, ayudándole a lograr la victoria. En el paraje en que el caballo del Cid dejó las huellas erigieron un “peirón” y al lugar se le llamó san Jaime (información en el Heraldo de Aragón 17-XI-2002). Señorío de Molina y resto de la provincia de Guadalajara En la localidad de Hinojosa, en el Señorío, donde, al parecer, aún existe la “Fuentecilla de la patá del Cid”, es tradición que cuando pasó por allí don Rodrigo Díaz de Vivar, y estando a punto de perecer de sed, un patada de Babieca hizo brotar un manantial de la roca y, a la vez, el caballo dejó, una vez más, señaladas las huellas de sus herraduras. Tal vez es en este lugar en el que mejor documentada tenemos la leyenda, por el impagable testimonio escrito del historiador del Señorío de Molina del siglo XVI Francisco Núñez, quien en su obra “Archivo de las cosas notables de esta Leal Villa de Mollian” (1595) nos da la siguiente noticia:

“Hynoxosa, según tradición de los antiguos no estaba edificada quando el famoso Cid hizo su viaje por esta tierra para Valenzia y así dizen hizo alojamiento de su exercito y gentes en el alto que llaman Cabeza de Cid dándole nombre a aquel zerro y  a la fuente tan abundante de agua dulze y delicada que de el mana y a una Cueba que allí se muestra y de los otros capitanes del Cid tomaron otros altos sus nombres como la Cabeza Albarañez, el pozo Vermúdez y otros lugares de esta manera, y la antigüedad de estos nombres es buen indicio ser verdad del Camino que por aquí hizo el Cid aunque los cuentos que sobre esto fundan algunos viejos por parecer Consejos  no son dignos de poner en escripturas, pero coligese zierto que si entonzes hubiera a la alda de aquel alto el pueblo de Inojosa, que ahora lo es, lo dijera la hystoria del Cid, o hubiera de ello alguna tradizión antigua antes tubieran […] otras cosas he oido yo decir a los viejos que no tienen tanta certeza, como es que en la cueba que hay en la Cabeza del Cid, enterró el Cid su caballo Babieca, y otras señas que se muestran en una Peña, a donde dejó su herradura, las cuales cosas y otras semejantes que se cuentan del Cid, son sueños de gente ignorante y vulgar”

Es extremadamente curioso cómo el erudito cree sin recelo todas las tradiciones cidianas de la zona, excepto la de las huellas, leyenda, al parecer, ya muy antigua a finales del siglo XVI (“otras cosas he oído yo contar a los viejos…”) y que califica como propias de “gente ignorante y vulgar”. Geográficamente, el lugar que sigue en este breve catálogo es nuestro pueblo, Salmerón. En este caso, tal vez por ser “Peña Herradura” un lugar bastante alejado del pueblo y, al haberse reducido en buena medida el trabajo manual del campo que obligaba a andar mucho por todo el término, la leyenda y el conocimiento de estas piedras se ha ido perdiendo. Como decíamos, es fácil colegir que las huellas estaban en relación con el ciclo cidiano, dada la cercanía de nuestro legendario “cerro de Albaráñez”.

Las huellas de otros caballos de héroes y santos
Sin embargo, huellas de herraduras similares a las que estos pueblos mencionados y quizá otros muchos que desconozco, aparecen dispersas por otras zonas de la geografía hispana no coincidentes con la ruta cidiana y, en esos casos, su presencia se atribuye generalmente al caballo de algún otro guerrero de leyenda. Buena parte de ellos hacen referencia a un guerrero sobrenatural: el Apóstol Santiago (Clavijo, en La Rioja, etc); pero también a otras figuras legendarias como Roldán, lugarteniente de Carlomagno y protagonista del famoso poema épico medieval francés (en las provincias de León y Salamanca, en Galicia, en el País Vasco, Navarra, Cataluña…), Don Pelayo, legendario iniciador de la Reconquista (cerca de Covadonga), o Jaime I el conquistador (en Lucena del Cid, en Castellón), amén de a algunos otros santos locales.
Aparte de las leyendas con que la imaginación de nuestros antepasados ilustró estas manifestaciones en las piedras, cabría preguntarse a qué realidad responden y qué antigüedad tienen estas misteriosas marcas. Supongo que habría que hacer –o, muy probablemente ya se haya hecho- un estudio de la morfología de las mismas en los distintos lugares de España. En el rastreo que he realizado en la red, me ha resultado interesante el caso de Chana de Somoza, provincia de León, sobre todo por las similitudes que presenta la forma de las huellas allí conservadas con las de Peña Herradura de Salmerón y su presencia conjuntamente con cruces. Los autores del blog por el que me enteré de su existencia las explicaban como petroglifos prehistóricos. Sea esto así para nuestra Peña Herradura, o ésta sea obra muy posterior, fruto de la paciente laboriosidad de algún pastor de épocas lejanas, lo cierto es que resulta interesante tener en Salmerón una manifestación coincidente con la de tantos y alejados territorios. Lector, si alguna vez te animas a buscar las huellas del pasado siguiendo estas supuestas huellas del Cid en territorio salmeronense, no las alteres y permite que tal vez generaciones futuras encuentren la solución al misterio de Peña Herradura.

Este trabajo se cita en http://arqueotoponimia.blogspot.com/2009/06/

Bibliografía

Sobre las huellas sobre piedras en la geografía hispana podéis consultar los artículos del profesor J.M.Pedrosa en la red:

http://www.funjdiaz.net/folklore/07ficha.cfm?id=1898
http://perso.wanadoo.es/garoza/G1pedrosa.htm

Sobre ello también tiene datos don Julio Caro Baroja Sobre el mundo ibérico-pirenaico (1988).

Sobre las tradiciones acerca del Cid y de Álvar Fáñez en nuestra provincia:
Plácido Ballesteros san José,

“Sobre la conquista de Guadalajara”, en el IX centenario de la conquista de Guadalajara, Ayuntamiento de Guadalajara, 1988.

Alvar Fáñez. Trayectoria histórica del defensor del Reino de Toledo (1085-1114), Guadalajara. 2014.

Sobre los petroglifos de Chana de Somoza http://tierradeamacos.blogspot.com/2008/09/la-pea-de-las-herraduras.html

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