Las cuevas del término

Una de las características del término de Salmerón es la presencia de multitud de cuevas excavadas en la roca por mano humana en épocas remotas. En este artículo repasamos sus peculiaridades y, en su caso, sus leyendas.

El pueblo de Salmerón cuenta con la presencia de numerosas cuevas diseminadas por todo su término municipal. La mayor parte de estas cuevas no son formaciones naturales, sino oquedades excavadas en la roca por mano humana en fechas remotas. Su datación y naturaleza no está determinada con seguridad. Las leyendas locales atribuían su construcción a “los moros”, a los que en toda la Alcarria y, en general en España, se atribuye popularmente cualquier construcción antigua. En fecha que se recuerde no se les ha dado utilidad alguna, salvo a la más cercana al pueblo, la llamada Cueva del Rosario, que durante las primeras décadas del siglo XX sirvió de refugio a los indigentes que vivían de la caridad del pueblo.
Los nombres de las cuevas de Salmerón son los siguientes: Cueva del Rosario, Cueva del Pino, Cueva de la Salveta, Cueva de la Cuartilla, La Covatilla, Cueva de la Serpiente y Cuevas de San Román. Casi todas están situadas en mitad de cerros de piedra calcárea, por lo que su acceso es difícil y a la mayor parte de ellas sólo se puede llegar mediante escalas. Únicamente la Cueva de la Serpiente parece ser una formación natural.
De las cuevas excavadas en la roca sólo tiene fácil acceso la Cueva del Rosario, que se encuentra en un cerro de menor elevación. Esta, situada cerca de la vega, cuenta con tres estancias, la de acceso, una a la derecha y otra al frente.

Vista exterior de la Cueva del Rosario
Una de las estancias de la Cueva del Rosario
El campo desde el interior de la Cueva del Rosario

Cerca del cerro del Pino, en situación elevada, se sitúan las cuevas del Pino y de la Salveta.

Cueva del Pino

Llamativa es la llamada Cueva de la Cuartilla por la fuente que hay en su interior y por estar dentro de ella, labradas en piedra, las medidas castellanas, como la propia cuartilla que le da nombre o el celemín. Lamentablemente, lo que podía haber sido un lugar de curioso atractivo turístico, abandonado durante años, resulta hoy inaccesible.
La llamada Cueva de la Serpiente está ligada a la más entrañable leyenda de Salmerón. De esta cueva, situada en el cerro que está frente a la ermita de la Virgen del Puerto, cuentan que salió la sierpe que se cruzó en el camino de Gil Martínez, despensero Mayor del Infante don Juan Manuel, momento en que el caballero se encomendó a la Virgen y, bajo su protección, logró acabar con el enorme reptil. El arqueólogo Castellanos de Losada nos habla así de esta cueva en 1850:

“En el cerro de Poniente, a cuya falda se halla el convento existe otra gran cueva como de la mitad de buque de la anterior y dentro de la cual se halla una fuente natural de buena agua y bastante abundante aún en verano, a la que se llama la fuente de la Sierpe de los frailes, nombre que la dan porque aseguran los naturales haberse haberse anidado allí una desmesurada serpiente que se logró matar con el auxilio de Ntra.Sra. del Puerto.”

En un bonito y pintoresco lugar se sitúa la llamada Covatilla, que consta de dos departamentos con entradas independientes y bajo la cual existe todavía un estanque de agua que posiblemente date de la misma época que las cuevas. Por la descripción de la orografía es muy posible que Castellanos de Losada se refiera a la Covatilla en el siguiente texto:

“En la parte opuesta del convento pasando el río, se ve al comedio de un cerro de piedra calcárea una gran cueva abierta a pico en la que cabrán cómodamente de cincuenta a sesenta personas para dormir, y es tradición que sirvió en tiempo de los moros para refugio de los cristianos que les acometían o huían de su persecución.”

Vista de la covatilla con sus dos entradas
Detalle de la covatilla
Imagen de la covatilla con estanque

Dejamos para el final las llamadas “Cuevas de San Román”, situadas en las Peñas del mismo nombre, en la zona noroccidental del término. Su situación inaccesible ha propiciado todo tipo de rumores sobre su origen y sobre lo que oculta en su interior. La leyenda aseguraría que allí se refugió el “rey moro” antes de su rendición y que allí dejó oculto en enormes tinajas su tesoro.
Por fortuna, la naturaleza inexpugnable hace que podamos seguir alimentando la fantasía.

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