LAS ANTIGUAS ERMITAS DE SALMERÓN (I)

La consagración de ermitas a la Virgen o a diversos santos es una práctica piadosa que viene de antiguo. Ligadas en principio al retiro en soledad de un penitente, con en tiempo la palabra ermita pasó a denominar a pequeñas capillas elevadas, normalmente, fuera de las poblaciones y que tenían culto sólo de forma ocasional, en especial el día en que se celebraba el santo o Virgen cuya imagen se veneraba en el edificio.

Es posible que las primeras ermitas de Salmerón se construyeran poco después de la repoblación crsitiana del territorio, pero lo cierto es que la primera noticia documental que tenemos de ellas es de 1591, fecha de la que data un manuscrito conservado en el Archivo Capitular de Cuenca en el que se hace una relación de todas las ermitas de la diócesis.

En ese momento, Salmerón cuenta con nueve ermitas y “todas están en costumbre y posesión de diezmar a la abadía”, es decir, que cada una de ellas posee una cantidad de tierras (medidas en almudes, sabiendo que un almud corresponde a 4.896 metros), bien de olivos, de viñas o de huertos, cuya explotación se lleva por medio de arrendatarios y que pagan el diezmo a la sección de la Iglesia correspondiente. En este momento, el encargado de llevar el aceite, el vino y la fruta correspondientes se llamaba Fernán Sanz y era “el cirujano del lugar”. (Hay que señalar que en esta época un cirujano no es un médico, sino un hombre, que frecuentemente ejercía el oficio de barbero, a la vez que extraía muelas o practicaba sangrías).

La relación de ermitas de esta fecha sorprende, tanto por su número, como porque de algunas de ellas, que debieron de desaparecer pronto, no se conserva ni memoria del nombre, mientras que otras parece ser que se construyeron posteriormente.

Las ermitas relacionadas en el documento de 1591 son:

San Sebastián. Posee 87 almudes de tierra y 15 pies de olivos. Debió de ser una de las más antiguas e importantes del lugar y se ha conservado un topónimo con su nombre, en los alrededores del sitio en que debió de estar construida: una elevación de terreno en lo que hoy es el lado derecho de la carretera de Castilforte.

Santiago. Posee 40 almudes de heredad y unas olivas de 60 pies y tres nogueras”. El documento dice que “está esta ermita en terreno de Castilforte y las rentas son de Salmerón”. Aún se conserva su nombre en la toponimia para referirse a las ruinas de un molino cercano, el molino de Santiago.

Nuestra Señora de la Puente. Posee 20 almudes de tierra y un olivar. No volvemos a tener noticia de esta antigua ermita que, entendemos estaría situada en las cercanías del principal puente del pueblo, el de Entrambasaguas, sin que podamos constatarlo con seguridad.

Santa Quiteria. Poseía 70 almudes de tierra y un olivar de 50 pies de olivos. El paraje, por la parte occidental del pueblo, aún conserva el nombre de la santa y en sus cercanías buena cantidad de olivos.

Santa Catalina. Poseía 25 almudes de tierra y un olivar de 100 pies. No tengo conocimiento de que haya ningún paraje que conserve el nombre de la santa y que nos pueda dar pistas de dónde se podía situar la ermita.

San Cristóbal. Poseía 26 almudes de tierra y 60 pies de olivos. Tampoco parece haberse conservado el nombre de la ermita como topónimo, aunque sí existe una llamada Fuente Cristóbal, pero no podemos tener ninguna seguridad de que tomara el nombre del santo.

San Bartolomé. Poseía 20 almudes de tierra y 80 pies de olivos. Es posible que se refiera a la ermita rupestre de San Bartolomé, hoy día conservada en territorio del antiguo Villescusa, pero cerca ya de nuestro término, como era el caso de la ermita de Santiago, situada en terrenos de Castilforte.

Santa María. Poseía 50 almudes de heredad y 80 pies de olivos. Situada a la salida del pueblo por su parte occidental, aún se conserva el término para designar el paraje y la presa del río que por allí pasa: presa de Santa María.

San Benito. Poseía 24 almudes de heredad y 60 pies de olivos. La ermita debía de estar situada por los altos de la zona norte del pueblo. El nombre de Sierra de San Benito se documenta ya en el siglo XIV, en el Libro de la Caza del Infante Don Juan Manuel, para referirse a las estribaciones de la Sierra Solana, concretamente, a los montes situados entre Salmerón y Peralveche. Es de suponer que por estos lugares se encontrase la mencionada ermita.

Nuestra Señora. El caso de esta ermita, dedicada a la Virgen, sin que conste advocación alguna, es bien particular. Se dice explícitamente que es la mejor ermita que hay en el lugar, como lo atestiguan sus posesiones de 200 almudes de heredad y de un olivar de 250 pies de olivos. Se dice que “ha diezmado durante más de 100 años a la abadía”, pero que seis años antes del escrito, (en 1575), “metieron la imagen en la iglesia y el cura se queda con el diezmo” y se pide que se mande notificación para pleitear para que el obispado vuelva a percibir esa cantidad y no se quede en manos de los cobradores.

No podemos saber dónde estuvo situada aquella ermita, que debía de ser grande y antigua. En cualquier caso, no puede referirse a la única que nos ha quedado, la de Nuestra Señora del Puerto, que posiblemente ya existía en 1337, porque ésta pertenecía al convento de agustinos a la que estaba aneja y las tierras que tenía pertenecía a la mencionada orden agustina y no a la diócesis.

Los libros de visitas episcopales, conservados en el Archivo Diocesano de Cuenca, nos dan cuenta en ocasiones del devenir de algunas de estas ermitas, mientras que otras no vuelven a mencionarse, a la vez que aparecen otroas de nueva creación. A su vez, los documentos de Desamortización, conservados en el Archivo Provincial de Guadalajara, nos permite saber qué fue de los solares de algunas de ellas, después de su desacralización. Lo veremos en próximas ocasiones.

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